La web de un despacho de abogados, de principio a fin

Ekaitz Gordejuela11 min de lectura

La web de un despacho se puede discutir por partes: el color un mes, el formulario otro, la velocidad cuando alguien se queja. Esta guía la recorre entera y en orden, que es el orden en que la recorre quien busca abogado: llega desde Google, lee la portada, abre su materia, comprueba quién le va a atender y decide si escribe.

Cada apartado resume lo que hay que decidir y enlaza al artículo que lo desarrolla. Si solo tiene tiempo para uno, empiece por el primero, porque ordena todos los demás.

Una advertencia antes de empezar: la web no capta clientes por sí sola. Recoge lo que traen la ficha de Google, los buscadores y el boca a boca, y su trabajo es no perderlo por el camino. Todo lo que sigue va de eso.

Antes de tocar nada: ¿le llega gente?

Abra la analítica y mire las visitas de los tres últimos meses. De ese número depende qué hacer.

  • Si apenas llega nadie, el problema no está en la web sino antes: en la ficha de Google, en las páginas de materia y en el contenido. Rehacer la web no cambia eso. El recorrido de la ficha está en la ficha de Google de un despacho, de principio a fin.
  • Si llega gente y no escribe, el problema está dentro, y esta guía es para usted.
  • Si no sabe cuánta gente llega, ese es el primer arreglo. Sin ese dato, cualquier cambio posterior será una impresión y no una comprobación. Qué medir, y con qué herramientas gratuitas, está en los cinco números que sí hay que mirar.

El recorrido de quien llega

Quien necesita un abogado no lee la web de arriba abajo. Hace cuatro comprobaciones, más o menos en este orden:

  1. Si usted se ocupa de lo suyo (la portada y la página de su materia).
  2. Si le inspira confianza (la página del despacho y las reseñas).
  3. Cómo se le contacta y cuánto le va a costar dar ese paso (el contacto y el formulario).
  4. Si todo eso funciona en su teléfono y a la primera (el móvil y la velocidad).

Si una de las cuatro falla, vuelve atrás y abre el siguiente resultado. Los apartados que siguen van en ese mismo orden.

1. La portada: qué hace, para quién y dónde

La primera pantalla de la portada tiene que responder sin desplazarse a qué se dedica el despacho, a qué tipo de cliente atiende y en qué ciudad. «Despacho de extranjería en Cáceres» informa más que cualquier frase sobre excelencia o compromiso, que podría estar en la web de cualquier despacho.

Debajo, una sola acción principal (escribir, llamar o pedir cita) y después cinco bloques más: las materias con su enlace, por qué usted en datos comprobables, las reseñas enlazadas a la ficha, cómo se empieza a trabajar y el contacto otra vez al final. Los seis bloques, uno por uno, están en los seis bloques que sí necesita la portada de un despacho.

La comprobación rápida: abra su portada en el móvil y, sin desplazar, pregúntese si se entiende a qué se dedica el despacho, dónde está y cómo se le contacta. Si la respuesta es no, ya sabe qué reescribir primero, y es un cambio de texto, no de diseño.

2. Una página por materia

Cada área que el despacho quiera trabajar necesita su propia página, con contenido propio: qué asuntos lleva, cómo es el proceso, qué plazos maneja, qué documentación hace falta y qué preguntas recibe. Un párrafo dentro de «Servicios» no basta, ni para quien busca ni para Google, que necesita una página concreta que poder enseñar a una búsqueda concreta.

La tentación contraria es el catálogo: doce especialidades en la portada transmiten que el despacho lo hace todo y dificultan posicionar por cualquiera de ellas. Por qué, y cómo elegir, está en por qué anunciar doce áreas de práctica le resta.

Para saber qué palabras usa la gente al buscar su materia, que no siempre son las que usa el despacho, sirve qué escribe en Google quien necesita un abogado.

3. Quién atiende: la página del despacho

Quien llega a la página «Sobre el despacho» está a un paso de escribir y quiere comprobar tres cosas: quién le va a atender, si conoce asuntos como el suyo y si va a poder entenderse con esa persona.

Lo que responde a esas preguntas son datos que se pueden verificar: nombre y fotografía real de cada profesional, colegio y número de colegiado, materias que lleva, idiomas en los que atiende, desde cuándo ejerce el despacho y dónde están las sedes. Los párrafos de valores no responden a ninguna. El desarrollo, con lo que conviene evitar, está en la página «Sobre el despacho» es su activo de confianza.

Las reseñas cierran esta comprobación, porque son lo único de la web que no dice el despacho de sí mismo. Mostradas con enlace a la ficha, se pueden comprobar. Cómo pedirlas sin incomodar al cliente y sin rozar el secreto profesional está en cómo pedir reseñas sin incomodar al cliente.

4. El contacto: tres campos y un plazo

El formulario es el punto donde se gana o se pierde todo lo anterior. Para una primera consulta bastan tres datos: cómo se llama, cómo contactarle (que elija correo o teléfono) y qué le ocurre, en una línea. Todo lo demás se pregunta mejor en la llamada.

Hay campos que además incomodan en un despacho: el cuadro obligatorio de «describa su caso», el DNI, el teléfono obligatorio para quien prefiere escribir o el desplegable que obliga a acertar la materia antes de preguntar. Los cuatro, y lo que sí hay que poner, están en por qué pide nueve campos y solo le rellenan dos.

Junto al botón, una línea que diga cuándo va a responder, y que se cumpla. Un formulario impecable no sirve si la consulta espera días en una bandeja: es el coste de tardar en responder una consulta.

Y el teléfono, escrito como enlace de llamada, para que desde el móvil se marque con un toque.

5. El móvil, que es donde se decide

Las decisiones sobre una web se toman delante de un ordenador, y la usa gente con un teléfono en la mano. El reparto real de su web entre móvil y ordenador está en su analítica y se consulta en dos minutos; el dato que importa no es el de visitas sino el de consultas por dispositivo. Dónde mirarlo y qué hacer según salga está en cuánto de su tráfico es móvil.

La revisión se hace con un teléfono de verdad y con datos móviles, no con el wifi de la oficina: leer la primera pantalla, pulsar el teléfono, abrir el menú, leer un párrafo sin ampliar y rellenar el formulario hasta el final, mirando si el teclado tapa el botón de enviar.

El recorrido puede empezar antes de la web, en la ficha de Google que ve el cliente en el mapa. Cómo se ve esa ficha desde el móvil está en su ficha, vista desde el móvil de un cliente.

6. La velocidad

Google publica tres medidas de la experiencia de carga, las Core Web Vitals, con sus umbrales: que lo principal aparezca en 2,5 segundos o menos, que la página responda a un toque en 200 milisegundos o menos y que el contenido no salte mientras carga. Se miden gratis con PageSpeed Insights, en la pestaña de móvil y en tres páginas: la portada, la de su materia principal y la de contacto. El método completo, y lo que puede frenar una web de despacho, está en cómo medir la velocidad de su web.

Lo que cuesta una web lenta no aparece en ninguna gráfica, porque quien se va antes de que cargue puede no llegar a contar como visita. De dónde sale la cifra de los tres segundos que circula por todas partes, y qué se pierde de verdad, está en qué pasa si su web tarda más de tres segundos.

7. Lo que la ley exige que esté

La web de un despacho es la de un prestador de servicios de la sociedad de la información y la de una profesión regulada, y eso obliga a publicar ciertos datos. El artículo 10 de la Ley 34/2002 (LSSI) exige, entre otros, los datos del titular y, para una profesión colegiada, el colegio profesional y el número de colegiado y el título académico. Si el formulario recoge datos personales, el artículo 13 del Reglamento General de Protección de Datos obliga a informar en ese mismo momento de quién trata los datos, para qué, con qué base y cómo ejercer los derechos. Y las cookies que no son técnicas necesitan consentimiento.

Lo que pide cada norma, citada, está en aviso legal, cookies y RGPD.

Hay además un límite propio de la abogacía: la publicidad es lícita, pero no puede prometer resultados ni presentar el trabajo del despacho de forma que induzca a esperarlos. La forma segura de escribir la web es enunciar hechos comprobables, no promesas. Lo que permite y lo que prohíbe el código deontológico está en qué permite el código deontológico en publicidad.

8. Medir antes de cambiar

Antes de tocar la portada, el formulario o la velocidad, conviene dejar medido lo que pasa hoy: envíos de formulario, pulsaciones en el teléfono, aperturas de WhatsApp y reservas de cita. Cuesta poco y es lo único que permite saber, dentro de dos meses, si el cambio sirvió. Sin eso, una web nueva parecerá mejor y seguirá sin respuesta. Los cinco números que bastan a un despacho pequeño están en los cinco números que sí hay que mirar.

Arreglar, rehacer y lo que cuesta

Cuando llega gente y no escribe, la pregunta siguiente es si la web se arregla o se rehace. La diferencia está en si falla el contenido (lo que dice la web, que se corrige escribiendo sobre la que ya tiene) o la estructura (cómo está construida: no se puede añadir una página sin ayuda, el gestor no recibe actualizaciones de seguridad, no se adapta al móvil). Las cinco preguntas para decidirlo, y las tres condiciones si al final se rehace, están en rediseñar o arreglar la web.

Si se rehace, el precio depende de qué se espere de la web, de cuántas materias tenga y de quién escriba los textos. Qué partidas hay dentro de un presupuesto y cómo pedir varios que se puedan comparar está en cuánto cuesta una web para un despacho de abogados.

Los precios de Lexia para cada caso, sin IVA y publicados en el presupuesto orientativo:

  • Rectificación web: corregir la web que ya tiene, sin rehacerla, por 715 € en un único pago.
  • Diseño web y WordPress: una web nueva, con la medición incluida (Search Console, analítica y hasta 5 conversiones), por 1.690 € en un único pago.
  • Mantenimiento web: actualizaciones, copias y cambios menores, por 130 € al mes, más un alta de montaje de 195 € (no se cobra si la web la hizo o rectificó Lexia).

El resto de los servicios, con la fecha de su última revisión, figura en el catálogo, servicio por servicio.

Si prefiere tenerlo en papel, la guía «La web de un despacho que convierte» repasa la web página a página y se descarga gratis en las guías de Lexia.

Lo que no le va a pasar

Ordenar la web no llena la agenda. Una web excelente en un despacho que nadie encuentra sigue sin recibir consultas, y nadie puede prometerle posiciones, llamadas ni clientes por arreglarla o rehacerla.

Lo que sí es comprobable es lo contrario: una portada que no dice a qué se dedica el despacho, un formulario de nueve campos o una web que tarda en abrir en el móvil desperdician las visitas que ya llegan. Y eso se ve en los datos de su propia web, sin depender de nadie.

Preguntas frecuentes

¿Qué tiene que tener la web de un despacho de abogados? Una portada que diga qué hace el despacho, para quién y dónde; una página por cada materia que quiera trabajar; una página del despacho con datos comprobables de quien atiende; un contacto corto con el teléfono pulsable; y los textos legales que exigen la LSSI y el RGPD. Todo ello revisado en el móvil y con la medición de consultas puesta.

¿Es mejor arreglar la web que tengo o hacer una nueva? Depende de qué falle. Si falla lo que dice la web (titulares, materias, formulario, textos), se arregla escribiendo sobre la que ya tiene. Si falla cómo está construida (no se puede editar, no se adapta al móvil, el gestor no recibe actualizaciones de seguridad), conviene rehacerla, redirigiendo las direcciones antiguas.

¿Qué datos obliga la ley a poner en la web de un despacho? El artículo 10 de la LSSI exige los datos del titular y, en una profesión colegiada, el colegio, el número de colegiado y el título académico. Si hay formulario, el artículo 13 del RGPD obliga a informar de quién trata los datos, con qué finalidad y base legal y cómo ejercer los derechos. Las cookies que no son técnicas requieren consentimiento.

¿Cuánto debe tardar en cargar la web de un despacho? Google fija como bueno que lo principal de la página aparezca en 2,5 segundos o menos, medido con datos reales de visitantes. Se comprueba gratis en PageSpeed Insights, en la pestaña de móvil, sobre la portada, la página de la materia principal y la de contacto.

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